Friday, August 04, 2006

Cinco espacios

Sobre el trinche en su recámara: las fotografías de sus padres desaparecidos, sonrientes ante la cámara, ignorantes de la calamidad que en negra cascada les depara la vida.
Desde la cama, repasando los momentos felices, Alonso… distraído observa su fotografía . La pareja, protegida, como corresponde.. ¿Alguna vez fue simple “existir?. Se pregunta en voz alta, tan alta como lo viene haciendo desde,… NO, no sabe cuando, en austero silencio, sin voz:
-¿Porqué cuando más falta me hacen la locura me desgrana en esta soledad de ausencias?. El reloj marca las 5 de la madrugada. La luz aún es de bronce, se perfilan las sombras de los objetos cercanos a pesar de la cortina estática, almidonada.
La ventana está cerrada. Su alma confinada como su cuerpo tambien almidonado.


Poco quedó de las paredes que cubrieron sus noches. Cualquiera pensaría que se encuentra todavía allí, su esencia no pudo salir. El azul brillante como la chispa de sus días, aquella flor que jamás quitó de la pared cuando era el conducto por donde la naturaleza se filtraba. Cálida, neutral. La pintura de un “algo”(nunca supo lo que fue), colgaba sobre su cama y le protegía, -decía- como un amuleto contra un fantasma de “algo” que tampoco sabía lo que era.. Y aquella cama de latón: afortunado metal alumbrado por la estrella de su amor. Presente.
Solo la lamparita de noche, aquella que nunca le perteneció, quedo como testigo hiriente de lo único que alguna vez le rechazó, el loco amor, desesperada ancla que sin dejar rastro desapareció. Desde lejos observaba las ruinas de la habitación, esperando el próximo terremoto, …quizá al fin la lamparita también se hundiría como ella… aquel día.


La habitación para huéspedes no nos “invitaba” . Las cortesías superfluas e hipócritas brindadas durante la cena, no compensaron la impersonalidad del recinto. Las líneas del cubrecama enloquecían a cualquiera, Paralelas como sus pláticas, sin principios ni finales, acuerdos o identificación. Repetitivas, necias.
El cuadro, perfectamente centrado , cuadrado todo como sus mentes. Sin posibilidades de intercambios o de cariño mutuo.
Sin embargo, una ventana que dejaba entrever el paisaje poblado de esmeraldas y techos de ópalo y marfil. La cortina abierta, la clave que nos deja imaginar su interior.

Nada negaba su obsesión, La presumía, la engalanaba al final del pasillo, como el trofeo de aquel torneo hípico en el que participó.
El tiempo, un reloj inmaculado: preciso, que le recordaba el agua dulce deslizándose entre sus dedos y que no recuperaría más. Sabía que lo perdía y robaba a los demás sus horas, sus minutos, sus segundos, para compensar los momentos extintos. Entraba en el túnel de plata sabiendo que ya no existirá marcha atrás.
Aquel reloj que no perdona junto a la fuente de agua donde nadie ha sido capaz de saciar su sed.
¿quién está dispuesto a ceder?


Pertenencias, ninguna. Su recinto invita a buscar los límites de su presencia. Tal vez una ausencia , mágica . ¿Existe? Lo puedo asegurar solo por la manta dejada en el hastío fuera de lugar, No hay mas indicios de su existencia. Busco un ser de aire, disperso entre las moléculas de su habitación. Se esconde, lo presiento, pertenece a aquellos que no son, que desparecen entre los muros y solo dejan a su paso una pista, una almohada sobre el otomán, un tapetillo jamás pisado o un momento en el que durmió con sus sentidos en el aire desbocados, como la marea durante un huracán.

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