Sunday, August 13, 2006

Una Promesa

Premiado por el Norte, Monterrey NL


Una promesa los mantuvo unidos
o amor sin barreras?
Dicen que el amor es capaz de salvar la vida, pero pocos son aquellos que lo
pueden ejemplificar con su propia existencia. Esta es la historia de Yentel
y Rubén, mis tíos, la cual escuché cuando era muy joven y nunca he podido
borrar de mi mente.
Verídica y conmovedora, como tantas otras en la historia de este siglo, que
sufrieron al enfrentar el odio, el racismo, la guerra y la destrucción;
resurgiendo de entre las cenizas para continuar un camino sin pasado.
Yentel y Rubén Sandler habían contraído matrimonio en su pueblo natal de
Kovna (Lituania), cuando los ejércitos de Reich tomaban fuerza y las
poblaciones judías en Europa se veían amenazadas ante la proximidad de la
invasión alemana.
Como toda pareja joven, planeaban iniciar su familia y establecerse en la
aldea donde habían crecido y se habían enamorado, cuando sus planes fueron
abruptamente truncados por un destino aterrador y su comunidad, su familia y
ellos mismos fueron deportados hacia el campo de concentración nazi en
Kovna, donde permanecieron de 1940 a 1942.
En ese año, Rubén fue deportado hacia el campo de exterminio de Dachau, y
Yentel fue enviada a otro campo llamado Shtudrov. Sin saber hacia dónde se
dirigían y desconociendo si volverían a verse algun día, sólo les quedó un
recurso final, una promesa: "Aquel que sobreviviese -se juraron mutuamente-
regresaría al lugar donde se envontraba su hogar y ahí permanecería esperando el
retorno del otro. Si sobrevivían... sólo Dios podíra saberlo".
Pasaron tres años y cada uno sufría en los campos la crueldad, el hambre
y la enfermedad, viendo fallecer a sus seres queridos, pero aferrados
siempre a aquella promesa que los mantenía en pie: esperar el regreso
a su pareja, que con seguridad (se repetían una y mil veces a sí
mismos) estaría ahí para darle consuelo, confort.
Yentel fue liberada por el frente ruso al ser derrotados los alemanes; en
ese momento pesaba solo 35 kilos. El camino que era largo.
En ese entonces, su hermano, (mi abuelo) tenía la posibilidad de llevarla a vivir con él
a América y se lo ofreció, dándole la oportunidad de iniciar una nueva vida
lejos de la destrucción y el odio.
Pero ella se negó, tenía el anhelo de regresar al punto de partida y
esperar a su esposo. Se lo había prometido. Llegó a lo que era su hogar, del que no
quedaba nada. Era como si el destino se hubiese perdido.
no sabía si estaba vivo o no. se quedó, luchando por un pedazo de
pan.
Pasaron algunos meses y Rubén regresó al haber sido liberado por el Ejército
Americano. Apenas se reconocieron, poco quedaba de aquellos jóvenes
enamorados, pero en ellos el amor fue más allá que las afrentas físicas y el
sufrimiento. Su amor los ayudó a salir adelante y encontrar el camino hacia
la vida nuevamente.
En 1947, después de haber recobrado la salud, tuvieron dos hijas gemelas,
Guita y Shifra. En esos días les preguntaron si era familiar de ellos una
niña que se encontraba en un orfanato y que se llamaba Sara, pues la niña
llevaba su mismo apellido. Sara, que contaba entonces con 12 años de edad, no
tenía ningún parentesco con ellos, pero Rubén dijo: "No pertenece a nuestra
familia, pero desde este momento ya forma parte de ésta", y es así como
adoptaron a su tercer hija.
Ambos ya fallecieron, pero
Haber escuchado su historia, haberlos visto recorrer el camino de la vida,
sin voltear hacia atrás, siempre con la alegría de poseer ese amor que los
mantuvo con vida, hace que valore aún más ese don sagrado que como humanos
poseemos: Nuestra capacidad de amar y de asirnos a este amor para lograr esperanza y un futuro.

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